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Su marido ha vuelto al dormitorio y la está llamando, se disculpa con Luis y acude a ver lo que quiere. Él la coge de la mano, y la hace entrar en la habitación. La atrae y comienza a besarla. Ella se resiste:
-¿Te has vuelto loco o qué? Luis está en el salón ¿no puedes esperar a que se vaya?

-Cállate –es la única respuesta que recibe. Ella, sumisa como siempre, calla. Carlos la está desnudando mientras sigue besándola y acariciándola. Después le dice que se eche sobre la cama y sale de la habitación.
Acostada y desnuda se queda allí… esperando. Oye a los dos hombres hablar, aunque su conversación le llega fuente:

-Vamos, Luis, no seas… hazme caso, sé que te… ¿crees que no me he dado cuenta? Pero, ella… no, esto no está bien. Ella hace… además disfrutará. Te… ya lo verás.

Cierra los ojos, prefiere no escuchar y con esa neblina que le invade la mente, se siente bien. Ya no oye sus voces, Diseño web profesional percibe los pasos de alguien que se acerca. Siente el peso de un cuerpo sobre la cama y unas manos que le acarician el rostro. No son las de su marido, lo sabe. Abre los ojos y se encuentra con la mirada de Luis. Él acerca la boca a su oído y su suave voz le llega en un susurro: -Te quiero y te deseo, pero no voy a aceptar esto. Tú no tienes porque aguantarlo.

Ella mira hacia la puerta y ve a su marido que la observa. Lee en sus ojos y sabe que tiene que hacerlo. Alarga su mano hasta el rostro de Luis y lo atrae hacia ella. Busca su boca y le besa con deseo, mientras enreda el cuerpo de él con sus piernas. Carlos se ha ido. A salvo de su mirada, se deja llevar por las caricias del hombre que está con ella. Le Diseño web profesional y se entrega por completo a la pasión que crece por momentos entre ellos. No le importa gemir y gritar cuando le llega el orgasmo, sabe que su marido la está escuchando y eso lo hace todavía más placentero.

Se queda dormida. Cuando despierta, está sola en la cama. Se levanta, no hay nadie en la casa. Son las nueve de la mañana, Carlos ya se ha ido a la oficina. Se ducha y se dispone a desayunar cuando suena el timbre de la puerta. Es un chico con un ramo de tulipanes amarillos, seis tulipanes y una nota:

“ Lo siento, mi amor, he ganado la apuesta. Te mando un tulipán por cada uno de los años de felicidad que me has dado. Siempre tuyo” No lleva firma, pero a ella no le hace falta, sabe quien se lo manda.

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