QUÉDATE TRANQUILA, MADRE

Coge el teléfono y marca un número. Al otro lado, una secretaria eficiente y discreta no le pregunta nada, reconoce su voz. Mantiene una corta conversación con él, se muestra reacio a hacer lo que ella le pide, pero al final consiente. Se despide y cuelga.
En el dormitorio, se viste despacio. Luego coge dos maletas y empieza a guardar sus cosas en ellas. Llama a un taxi y mientas espera vuelve al salón y se dispone a escribir:
“ Gracias por el regalo de anoche, por una vez has sido un cornudo consciente de ello. Llevo seis años acostándome con Luis y nunca lo había disfrutado tanto, en mi propia cama y ante la mirada complacida de mi marido, que no ha dudado en venderme como a una puta de su propiedad, a cambio de un ascenso. Tu jodido trabajo, eso es lo único que tienes en la cabeza. Sí, cielo, me cansé de ser la esposa sumisa y obediente. Siempre atenta y complaciente con tus invitados, la anfitriona perfecta… hermosa, callada, educada, atenta. Pues bien, esta puta se va y no aguanta a más chulos que cobren por ella. Te dejo las llaves del apartamento y del coche, no las voy a necesitar. Tengo todo lo que deseo, un hombre que me quiere y todo lo que él puede ofrecerme. ¡Ah! Se me olvidaba, quiero darte una gran noticia, cariño… ¡estás despedido! Disfruta y sé feliz”
El taxi está esperando, coge sus maletas, da un último vistazo, sale y cierra la puerta.

Quédate tranquila, madre. Hoy me siento sosegada y serena. Me cansé del miedo y la angustia. Me cansé de luchar y de perder. No es sólo el dolor físico, madre, es el dolor del alma, el de la decepción, el de comprobar una y otra vez, que no puedo vencerla. Esto no es vida, madre.
Y es que esa dama cruel me atrapó en sus garras. Me engañó, madre. Primero sus manos son dulces, tiernas, repletas de caricias. Y cuando te das cuenta, se convierten en zarpas que se clavan en la carne, te desgarran y ya no puedes escapar. Algunos pueden… pero yo no, madre. Yo no puedo dejarla.
Quédate tranquila, madre. Ya no tendrás que encerrarte en tu cuarto, ni esconder las pocas cosas de valor que quedan en casa. No te quedarás dormida en el sofá esperando a que llegue. Ya no se te encogerá el corazón cuando suene el teléfono a altas horas de la madrugada. Yo estaré bien, madre.

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Su marido ha vuelto al dormitorio y la está llamando, se disculpa con Luis y acude a ver lo que quiere. Él la coge de la mano, y la hace entrar en la habitación. La atrae y comienza a besarla. Ella se resiste:
-¿Te has vuelto loco o qué? Luis está en el salón ¿no puedes esperar a que se vaya?

-Cállate –es la única respuesta que recibe. Ella, sumisa como siempre, calla. Carlos la está desnudando mientras sigue besándola y acariciándola. Después le dice que se eche sobre la cama y sale de la habitación.
Acostada y desnuda se queda allí… esperando. Oye a los dos hombres hablar, aunque su conversación le llega fuente:

-Vamos, Luis, no seas… hazme caso, sé que te… ¿crees que no me he dado cuenta? Pero, ella… no, esto no está bien. Ella hace… además disfrutará. Te… ya lo verás.

Cierra los ojos, prefiere no escuchar y con esa neblina que le invade la mente, se siente bien. Ya no oye sus voces, Diseño web profesional percibe los pasos de alguien que se acerca. Siente el peso de un cuerpo sobre la cama y unas manos que le acarician el rostro. No son las de su marido, lo sabe. Abre los ojos y se encuentra con la mirada de Luis. Él acerca la boca a su oído y su suave voz le llega en un susurro: -Te quiero y te deseo, pero no voy a aceptar esto. Tú no tienes porque aguantarlo.

Ella mira hacia la puerta y ve a su marido que la observa. Lee en sus ojos y sabe que tiene que hacerlo. Alarga su mano hasta el rostro de Luis y lo atrae hacia ella. Busca su boca y le besa con deseo, mientras enreda el cuerpo de él con sus piernas. Carlos se ha ido. A salvo de su mirada, se deja llevar por las caricias del hombre que está con ella. Le Diseño web profesional y se entrega por completo a la pasión que crece por momentos entre ellos. No le importa gemir y gritar cuando le llega el orgasmo, sabe que su marido la está escuchando y eso lo hace todavía más placentero.

Se queda dormida. Cuando despierta, está sola en la cama. Se levanta, no hay nadie en la casa. Son las nueve de la mañana, Carlos ya se ha ido a la oficina. Se ducha y se dispone a desayunar cuando suena el timbre de la puerta. Es un chico con un ramo de tulipanes amarillos, seis tulipanes y una nota:

“ Lo siento, mi amor, he ganado la apuesta. Te mando un tulipán por cada uno de los años de felicidad que me has dado. Siempre tuyo” No lleva firma, pero a ella no le hace falta, sabe quien se lo manda.